Verde Primavera.

María Amparo GONZÁLEZ BERUMEN. 

Al empezar la primavera, los extensos prados del Jardín de Reuilly

permanecen cerrados, con un señalamiento que advierte: ‘pasto

en reposo’. Cuando llega el mes de abril, las lozanas áreas verdes

se abren al público ansioso, que entonces disfruta de las comidas

al aire libre y del juego de pelota.  Jennifer Ackerman.

        

           

Con la llegada de la Primavera llega también el deseo de retomar, cuantas veces sea necesario y lo será siempre, el tema de nuestras áreas verdes. Al despertar cada mañana con el sol naciente o la bruma del puerto, se renueva en lo profundo el interés de cuidar nuestro patrimonio natural, nuestra ciudad-hogar en la que se enraízan memoria y paisaje impregnados del sabor del tiempo. Regidos por este mismo criterio los pueblos del mundo trabajan sin descanso en la mejora de sus ecosistemas, y hasta en la construcción de pequeños reservorios genéticos donde puedan reproducirse animales y plantas nativas.

Mucho sabemos que la naturaleza nos ayuda a estar bien. No en vano nuestros orígenes se remontan a bosques y sabanas porque nació la raza humana para lo bello. Y fue creado nuestro oído para el silbo de las aves y el crujir de los árboles. Amamos los verdes insignes, los ocres del otoño, y en la piel la caricia del viento. En el deseo de cada uno de nosotros de defender los espacios verdes prevalece una fuerza íntima; con nuestras ideas y esfuerzos queremos cuidar el entorno porque sólo estando inmersos en nuestra historia podemos ser sensibles a los problemas que nos aquejan.  

Dice Eduardo Galeano al abordar el tema, que aquel clamor universal de que “Somos todos responsables”, nos absuelve. La generalización absuelve –dice: si somos todos responsables, nadie lo es. Y habla también Galeano del “lenguaje de las exhortaciones” usado por los expertos que se ocupan de envolver el tema en el papel celofán de la ambigüedad.   

Esto trae de nuevo a mi memoria aquella Cumbre de Río de Janeiro en la que ciento tres mandatarios del mundo deliberaban, desde sus posturas, el compromiso de salvar la tierra. Pero los mandatarios hablaban no sólo en lenguas distintas sino distantes, con modismos locales y casi intrínsecos, dejando al descubierto grandes bagajes con cargamentos que no coincidían ni en sus problemas ni en su solución... Aun sabiendo los jefes de estado que la única meta ecológica para el ser humano es aquella que busca un equilibrio adecuado entre hombre y naturaleza. Cuán lamentable es corroborar que en nuestro país y en muchas partes del mundo prevalecen las formas libertinas y desconsideradas de gobierno, en las que se reverencia lo económico por encima de lo que sea. Porque así como un árbol, una flor o un pájaro tienen características individuales, también muchos hombres tienen formas distintas de asumir problemas iguales. Esta no es una noticia sino tan solamente un principio universal que habla de rasgos culturales diferentes, de éticas particulares, de esquemas de valores grupales… Ya ha dicho Homero Aridjis que es delgado el hilo del que pende la seguridad de las mariposas, las tortugas, las ballenas grises, los jaguares o los borregos cimarrones. Es tan delgado ese hilo –dice, como el papel en que se escriben los decretos y las leyes, cuya mera promulgación no garantiza la protección de las áreas naturales…

Si por origen ha sido destructivo el hombre, hoy su esencia biológica le urge a cuidar los elementos para sobrevivir. El aire, el agua, el suelo hacen permisible nuestra cotidianidad: el frío, el calor, la lluvia, la bruma, la humedad, el viento... Es triste que hoy todavía no hayamos establecido como una prioridad el cuidado ambiental, quizá porque no hemos medido nuestra incapacidad reparadora. Es tan inquietante esta realidad, que hoy en muchos países se han establecido organismos importantes encargados de señalar el rumbo y de vigilar el cuidado y la explotación del medio, porque no existen en ninguna parte biósferas o ecosistemas de repuesto.

La aparición de la Ecología como esencia de la relación entre lo vivo y el medio, ha permitido para nuestra fortuna el rescate de estos temas que permanecían invernando en la Teología natural, en la que ya habían sido tratados a fondo la unidad, la analogía, la finalidad y la belleza de la Naturaleza. Esta nueva ciencia no habla hoy del agua en general sino de las aguas, los mares, las lagunas, los estanques, los ríos, los arroyos; no habla hoy de los gases en general sino de la atmósfera; tampoco de las tierras y minerales en general sino del suelo. Sí. Hoy tenemos que hablar de nuestros espacios vitales, de nuestros entornos, de nuestros ecosistemas como un conjunto estable de un medio natural con valor incalculable.  

Los pobladores estamos obligados a cuidar en nuestras ciudades las áreas naturales. No dejemos más que los minutos valiosos se sigan escapando frente a nuestros ojos mientras otros deciden el desmoronamiento del planeta. Alguien ha dicho que para tener geranios en el balcón son necesarias macetas adecuadas, tierra fértil, sol, agua… y muchos cuidados. Todo esto hay que tenerlo presente a propósito de las próximas elecciones estatal y municipal. Por lo que pueda venir.

mag_berumen@cafecostenito.com.mx