La defensa de nuestra Laguna, una causa invencible.

 María Amparo GONZALEZ BERUMEN.

mag_berumen@cafecostenito.com.mx

                                  Laguna del Carpintero

Hace tiempo leí un reportaje para la reflexión, acerca de los errores humanos que están dañando al planeta. Y se numeraban algunos trabajos excepcionales de investigación publicados con el fin de frenar, en el ámbito de lo posible, estas arbitrariedades. Entre ellos se citaba un artículo que al tiempo de su publicación pasó inadvertido, en el que se documentaba el aumento, pausado pero constante, de la fuerza y duración de los huracanes. Infortunadamente esta investigación no adquirió la importancia que de origen tenía, sino hasta la aparición de Katrina y su cauda devastadora que hoy todavía nos agobia… Y a pesar de ello, el esquema se sigue repitiendo…

En uno de sus libros, el ambientalista Césarman dice que en algún momento, Freud anotó que nuestro narcisismo había sufrido tres heridas profundas: una, cuando Galileo demostró que no giraba el Sol alrededor de la Tierra sino al contrario; otra, cuando Darwin demostró con su teoría de la evolución que el hombre desciende del mono; y la tercera, el descubrimiento del propio Freud sobre el inconciente, y su hipótesis de que nuestro actuar lo determinan factores que desconocemos. Y dice el autor que ahora, ante las incontroladas manifestaciones ecológicas, nos llega una cuarta herida narcisista: estamos obligados a obedecer sin cortapisas los mandatos de la Naturaleza.

No será nunca ocioso repetir que la Naturaleza nos ayuda a estar bien. No en vano se remontan nuestros orígenes a bosques y sabanas porque hemos nacido para honrar a los cuatro vientos. Y fue creado nuestro oído para el silbo de las aves y el crujir de los árboles. Amamos los verdes insignes, la tierra, el cielo abierto, los mimos del viento. En el deseo de cada uno de nosotros de defender los espacios nativos prevalece una fuerza íntima y primigenia. Con nuestras ideas y esfuerzos queremos cuidar el entorno porque sólo estando inmersos en él, podremos ser sensibles a los problemas que nos aquejan. 

Por fortuna hoy puede afirmarse que en diversos puntos del planeta, mucho se ha ido ganando a favor del medio ambiente. México es el cuarto país con mayor biodiversidad en el mundo, y cada pueblo está obligado a defender hasta el último centímetro de su suelo. Nosotros, a nivel local, seguimos apostando sin titubeos a UNA CAUSA INVENCIBLE: la defensa de nuestros terrenos y nuestra Laguna del Carpintero. En aras de la conservación de esta área, a lo largo del anterior trienio logramos mucho los ciudadanos. Y seguiremos atentos a los hechos porque, lo decíamos hace poco aquí, hay todavía algunos hilos sueltos pendientes de atar.

Lo anterior viene a mención, dada la inminente apertura del Centro de Convenciones y el comentario que empieza a oírse en algunos círculos empresariales, respecto a la ‘urgencia’ de construir al menos un hotel en esa área, para comodidad de los asambleístas. Argumentos serios para IMPEDIRLO tenemos de sobra los ciudadanos. Y aquí me obligo a decir lo difícil que resulta ignorar en este pequeño puerto de nuestros quereres, quién construye o deja de construir tal o cual edificio o centro de negocios, con los fines que fuere. Decenas de artículos sobre los problemas que nos aquejan se han escrito en esos términos. Sin detallar aquí por enésima vez las cláusulas del Acta Federal de cesión del área que nos ocupa, repetiré que el Centro de Convenciones es una obra del gobernador Eugenio Hernández Flores; el Espacio Cultural Metropolitano lo fue de Tomás Yárrington Ruvalcaba; y el centro comercial con supermercado fue un proyecto fallido del anterior alcalde.

En medio de todo este entramado, puede también decirse que la semana pasada, el gobernador Eugenio Hernández Flores presentó al Congreso Local ocho iniciativas de ley que, de ser aprobadas, se convertirán en ejes rectores que garanticen el cuidado de los recursos naturales y el implemento de métodos de disuasión y sanción a infractores. Dicho paquete de iniciativas “colocará a Tamaulipas a la vanguardia legislativa en materia de protección ecológica”, dijo en sus páginas la prensa local. Ello significa que nuestro estado no estaría íntegramente supeditado a las decisiones federales en esta materia.

La cuestión es que, en el ir y venir por los vericuetos arriba citados, estas iniciativas de ley parecen traer un poco de luz a nuestras oscuridades. Que así sea. Y nos tocará obligatoriamente a los ciudadanos seguir pugnando sin descanso a favor de nuestros espacios naturales, e impedir A TIEMPO que en los terrenos lindantes a la Laguna del Carpintero se levante otro tipo de construcciones. No digamos después con legítima nostalgia, que unos hoteles montados en esa área han comprometido el paisaje estético y, lo más grave aún, han dañado irremisiblemente el único segmento de suelo que nos quedaba a los ciudadanos.

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