
EQUIDAD DE GÉNERO PARA LA
SUSTENTABILIDAD
Por Lic. María Guadalupe Rico Mtz.
Si no hay equidad de género, no podemos aspirar a un país con desarrollo sustentable. La igualdad de hombre y mujer es una tarea pendiente, la brecha incide en el campo en donde la educación no termina de llegar y subsiste una carga en la mujer rural, aún más en la mujer indígena a quien se le ve como parte del inframundo.
Uno de los Objetivos del Milenio, dice: “La equidad de hombres y Mujeres es fundamental para el progreso del desarrollo humano, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) está comprometido con hacer que la equidad de género sea una realidad, no solo por ser imperativo moral, sino que también es una manera de promover prosperidad y bienestar para todos”.
Sin embargo en México el 4 por ciento de las mujeres indígenas mayores de 14 años carecen de instrucción; 53 por ciento de mujeres indígenas ocupadas no reciben ingresos y el 92 por ciento de las mujeres ocupadas en zonas indígenas no tienen prestaciones sociales.
Mientras que en las zonas rurales la tercera parte de las mujeres son trabajadoras familiares sin pago y 42 por ciento recibe menos de un salario mínimo; sólo el 34 por ciento de las mujeres es económicamente activa; Siete de cada diez jefas de hogar rurales realizan actividades como acarrear agua, recoger leña y, cuidar animales y la parcela.
Otras cifras que hacen visualizar la crítica
situación son los niveles de analfabetismo comparables: en el Distrito
Federal, Nuevo León y Baja California Sur el 3.7 son hombres y el 4.2
por ciento son mujeres. Mientras que en Oaxaca, Guerrero y Chiapas el 15
por ciento son hombres y el 25 por ciento son mujeres.
Un caso especial y dramático es el que se presenta en la Sierra Tarahumara en donde el 91.3 por ciento de mujeres es analfabeta.
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (1992) al hacer referencia del papel de la mujer en el desarrollo sustentable se invitó a los estados a: desarrollar nuevas estrategias para eliminar obstáculos constitucionales, legales, culturales, sociales y económicos que impidan la participación efectiva de la mujer en la sociedad.
No cabe la menor duda de que nuestro país está todavía muy lejano de alcanzar este propósito y aunque se hacen esfuerzos no termina de allanar el camino ante la falta de políticas acordes a las necesidades. Recientemente se hizo la traducción al náhuatl de la Carta Magna, hecho sumamente criticable ante la presencia de los altos índices de quienes no saber leer ni escribir.
Se recuerda, el caso de Jacinta Marcial, indígena otomí, liberada por ausencia de pruebas. Junto con Teresa González y Alberta Alcántara, fueron acusadas de secuestrar a seis agentes de la desaparecida AFI. En las cárceles mexicanas hay en total 8 mil 403 indígenas, su pecado ser pobres, analfabetas y no hablar español.